Llegamos al aeropuerto y nos dirigimos hacia la oficina de Air France para advertirlos de mi super alergia. Después de una explicación con la azafata, el responsable llega y nos dice:
"Ya he tratado casos mas graves: celiacos o alergia al polen y en este caso lo siento pero no puedo hacer nada, si hay cacahuetes en el avión, los serviremos!"
Antón (que empieza a enfadarse): "Tiene razón, la vida de mi mujer es menos importante que servir cacahuetes"
El responsable: "Tendríamos que impedirle viajar!"
Antón: Si de verdad lo quiere, podemos usar la jeringuilla de adrenalina que tenemos en el bolso pero creo que seria mas fácil no servir cacahuetes porque puede ser una mala publicidad que un pasajero muera en el avión sabiendo que lo había avisado y que en la pagina web de Air France, ponen:
¿Es usted alérgico a los frutos secos o a los cacahuetes?
Nuestras comidas no contienen cacahuetes enteros, ni picados, ni en forma de pasta.
Finalmente decide que todo esto no es su problema y que lo tenemos que decir en el avión.
Afortunadamente, la jefa de cabina tanto a la ida como a la vuelta valoró que mi vida era más importante y cambió las bolsas de cacahuetes por almendras e incluso advirtieron por micrófono que la gente evitara comer cacahuetes si los llevaban encima.
Moraleja: ¡Viajar con Ingrid (yo) siempre es una aventura!